¿Por qué decidiste ser procuradora?
Al acabar la carrera tenía claro que quería trabajar cuanto antes y ser independiente por mí misma. En ese momento decidí estudiar oposiciones, pero enseguida vi que no era lo mío y decidí colegiarme como procuradora. La verdad es que lo hice con ilusión y con ganas porque había estudiado Derecho. La procura me gustó desde el principio porque es un trabajo muy dinámico, muy ágil. Con el tiempo he confirmado que tomé una buena decisión.
¿Qué es lo que más destacarías de la labor de procuradora?
El trato cercano con la gente. En esta profesión tienes que relacionarte mucho con mucha gente y tener bastante mano izquierda. Te relacionas con los clientes, con los funcionarios, con los abogados, y a cada uno hay que saber darle lo que demanda: a los abogados, eficacia y rapidez; a los clientes, confianza y tranquilidad, ya que muchas veces vienen al juzgado un poco perdidos, siendo un sitio desconocido para ellos; y con los funcionarios creo que hay que tener una relación cordial. Creo que a día de hoy tengo esa relación con todos y hay ayuda mutua. Pienso que ese es el puzle de ser procurador. Además, por supuesto, del trabajo puro y duro, que es notificar plazos, juicios, elaborar escritos y todo lo demás.
¿Cómo reacciona la gente cuando dices que eres procuradora?
La mayoría, en un principio, ponen cara de interrogante, como diciendo ‘¿Qué es eso? ¿Pregunto o no pregunto?’. Y al final preguntan, tú se lo explicas y más o menos lo entienden. Creo que cuando tienen un procedimiento en el juzgado y eres el procurador de esa persona entienden verdaderamente la labor que hacemos y la importancia que tiene, al agilizar los pleitos e interesarnos por ellos. Como ahora es muy fácil preguntar por el asunto por WhatsApp, recibimos mucho ‘¿Cómo va lo mío? ¿Sabes algo?’, aunque ya les hayas dicho hace tiempo que el asunto tarda 1 año, que está en la Audiencia… Pero bueno, es el trabajo, contestarles y dejarlos tranquilos.
¿Cómo resumirías estos 25 años y cómo ves la evolución de la profesión?
Han sido 25 años muy buenos. Es una profesión que evoluciona en el día a día. Sobre todo, hemos avanzado bastante con la digitalización, que es hacia donde va el mundo actual. Creo que hemos sabido adaptarnos sin perder la esencia de la profesión de la procura. Antes era imprescindible ir al juzgado a recoger notificaciones, presentar escritos y demandas, y ahora todo es telemático. En un principio lo veíamos súper raro, con la incerteza de qué iba a pasar, pero creo que ha sido un gran avance. Cuando empecé, en el 2000, ya había rumores de que la profesión iba a desaparecer, y aquí estamos, luchando, hacia adelante y lo que nos quede porque, al final, tenemos un papel fundamental en la organización de la Justicia. Y lo que más destacaría del colegio de Vigo es la relación con los compañeros, que es muy buena, siempre hay buen talante y una buena frase y, por supuesto, que nos ayudamos entre todos, porque todos nos conocemos y eso está súper bien. La verdad es que te facilita mucho el día a día en el trabajo.
¿La profesión tiene futuro?
Yo creo que es una profesión con mucha tradición y que está muy aferrada al mundo jurídico. Lo más importante somos los que lo formamos, que tenemos ganas de que siga siendo así. En el futuro, siempre que nos dejen, vamos a seguir haciendo nuestro trabajo. Ojalá nos den más competencias, como las que estamos siempre solicitando. Probablemente, la profesión no iría hacia delante por inercia pura, pero aquí estamos nosotros para que continúe.
¿Un mensaje o deseo para 2026?
Que para 2026 se quede todo como está y podamos seguir haciendo nuestro trabajo. En el plano personal, que venga un año como este o mejor. Habrá que pedírselo a los Reyes Magos, que son los que son mágicos.
Foto: Punto GA-M.Riopa.
