18.10.2022. Cristina Álvarez-Cervela (Vigo, 1957) deja el Colegio de Procuradores. Se jubila. Entró de sustituta en 1983 por una baja maternal para dos meses, le llegaron a hacer una cena de despedida y la llamaron a la semana siguiente para ofrecerle un contrato fijo como secretaria. Y desde aquello han pasado 39 años. Los que tiene por delante los va a dedicar a cuidarse y a cuidar: “Además de volver a nadar en la piscina a horas más normales e ir al gimnasio, sobre todo voy a dedicarme a la huerta y la jardinería, y a cuidar la finca y sus árboles, como el olivo que me regalaron los procuradores”.

¿Algún recuerdo especial de todos estos años?

Cuando apenas llevaba un año trabajando, llegaron un grupo de procuradores jóvenes. El colegio era por aquel entonces una institución como antigua, con la típica imagen de señores mayores muy serios, con trajes oscuros y fumando puros. De repente, ingresaron unos seis procuradores nuevos y aquello fue como un choque. Al mismo tiempo que toda la sociedad iba evolucionando, ellos fueron rejuveneciendo el colegio y el trato que teníamos aquí y tuvieron mucho que ver en la modernización del Colegio: fue toda una revolución.

¿Cómo cambió tu trabajo en estos casi 40 años?

Mis funciones no han cambiado tanto. Me ocupo principalmente de tareas de secretaría como el turno de oficio, actas de juntas, expediente de colegiación, quejas, etc.  Pero lo que sí ha cambiado, y mucho, es la tecnología. Antes lo hacía con máquina de escribir y papel carbón y papel cebolla y ahora con ordenador. Es decir, mi trabajo sigue siendo el mismo, pero con avances tecnológicos. Algunos cambios me costaron más que otros, pero todos fueron ventajosos y eficaces.

¿Te llevas buenos recuerdos? ¿Qué mensaje te gustaría dejar?

¡Sí, muy buenos! El 90% de las personas con las que trato son procuradores con los que gestiono temas administrativos Tengo mala memoria y a veces se me olvidan cosas, pero cuando algún procurador me recuerda que le atendí cuando se colegió, me gusta mucho. Los recuerdos de más valor que me llevo son los de la gente. Aquí se hacen amistades que duran para siempre. Y solo deseo que esto no se cierre nunca, que aquí se queda gente muy buena y muy válida.

¿Qué ha sido lo que más y lo que menos te ha gustado?

Es curioso que lo que más y lo que menos me gusta de mi trabajo sean las dos caras de una misma moneda: el trato con la gente. Es maravilloso cuando son personas agradables, pero hay otras que vienen en plan chungo y se ponen algo gallito y eso me disgusta enormemente. Aquí también llega gente de fuera con dudas o con quejas: desde muchos del turno de oficio hasta personas perdidas preguntando por alguna dependencia de los juzgados. Y te encuentras de todo.

¿Qué vas a hacer a partir de ahora?

Además de volver a nadar en la piscina a horas más normales e ir al gimnasio, sobre todo, voy a dedicarme a la huerta y la jardinería, y a cuidar la finca y sus árboles. Me hizo mucha ilusión que los compañeros me hayan regalado un olivo como recuerdo y lo plantaré muy pronto. Acompañará a un árbol muy especial que tengo en la finca de Callobre, al lado de la Estrada: la conocida como sobreira de Valiñas. Es un alcornoque mediterráneo que se calcula que fue plantado hacia 1715. La Xunta de Galicia lo ha catalogado como árbol singular, una protección de ejemplares concretos que por sus características destacables (tamaño, edad, rareza, belleza, significación histórica o cultural, etc.) son considerados reliquias botánicas.

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