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Amparo González: “Sin procuradores, la Justicia sería aún más lenta”

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26.12.2023. Aunque comenzó en la procuraduría casi por casualidad, Amparo González (Vigo, 1972) es hoy muy consciente de la importancia de su figura profesional para el mejor funcionamiento de la Justicia. En su 25 aniversario como procuradora en activo, es crítica con la implementación tecnológica de Lexnet o los horarios de trabajo y pone el acento en el desconocimiento social que todavía existe de la procura. “La gente no lo ve, pero si no estuviésemos nosotros aquí, la Justicia sería aún más lenta, a los abogados se les pasarían muchos plazos… Y estamos desaprovechados”, señala González.

¿Por qué decidiste ser procuradora? ¿Alguien de tu familia se dedicaba al mundo del Derecho?

Soy la primera de mi familia que se dedica a este mundo. Terminé la carrera y vi un anuncio en el periódico de una abogada que venía de fuera a hacer un curso de práctica jurídica. Una vez allí, por medio de una prima mía, me dijeron que un procurador de O Porriño estaba buscando a alguien que hiciera prácticas con él, así que fui y estuve con Javier Varela unos meses. Hasta que en el sitio en el que estaba haciendo la práctica jurídica, aquí en Vigo, nos propusieron a dos compañeros que se quedaran como abogados y a mí como procuradora, y así empecé.

¿Los procuradores tenéis referentes?

No. De hecho, en las primeras demandas que me daban en el curso de práctica jurídica, si el procurador no era preceptivo yo lo quitaba, porque no sabía muy bien qué hacía un procurador. Pero, con el tiempo, a medida que avazó el curso y que fui conociendo la profesión gracias a las prácticas en Porriño, me fui dando cuenta de la importancia de un procurador y que lo mejor es nombrar procurador en todos los procedimientos, sea preceptivo o no.

¿Cómo recuerdas los primeros años de profesión?

Con más ilusión que ahora porque, con el tiempo, como ocurre en todos los trabajos, te vas quemando. Al principio tienes la ilusión de que mejore la Justicia y tus ingresos. Luego no todo es como lo sueñas.

¿Había muchas mujeres cuando empezaste?

Sí, ya éramos muchas. Quizá había algún hombre más, pero se fueron jubilando. Al principio no tenía la sensación de que hubiera tantas mujeres, pero ahora ganamos por mayoría.

¿Ha cambiado mucho la profesión en 25 años?

Sí. La tecnología se ha implantado en todas partes y por lo tanto también en nuestro trabajo. Antes había muchísimo más papel y un trato más personal, tanto en el juzgado como en el Colegio, porque hacíamos más vida en él. Coincidíamos todos en el juzgado, bien para hacer fotocopias o porque teníamos que presentar algo, y se hacía vida con los compañeros. Ahora vas al juzgado corriendo, haces cuatro cosas y vuelves al despacho a estar pendiente de Lexnet, que es un suplicio.

Hubo una época en la que había un servicio de presentación de escritos en el Colegio de Procuradores y teníamos que hacer cola, como en la charcutería, y mientras estabas allí hablabas con uno, hablabas con otro y se hacía más vida con los compañeros.

¿Podrían mejorar las tecnologías para que en un futuro la profesión sea mejor?

Sí, para que no tengas que ser esclavo de Lexnet. Lo de 24 horas al día 365 días al año, por mucho que ahora nos hayan dado dos semanas de “vacaciones” en Navidad y el mes de agosto sea inhábil, no desconectas porque sabes que algo puede caer.

En general, en esta profesión tenemos unos horarios muy raros. Si hay abogados que se dedican a otra cosa durante el día y trabajan a última hora de la tarde, te entran escritos por el móvil para presentar. Claro que puedes presentarlos al día siguiente, pero si tienes el despacho en casa, como es mi caso, y tal y como soy yo, presento el escrito en el momento en el que lo veo porque pienso “¿Y si mañana no funciona Lexnet?”

¿Cómo valoras la importancia de esa parte más personal, de acompañamiento, que tanto caracteriza a los procuradores?

Es muy importante. El trato con el cliente, cuando lo acompañas al poder o el día del juicio, explicarle cómo son las cosas, qué puede y no puede pasar, cuánto puede durar el procedimiento, más rápido o más despacio… Y muchas veces tranquilizarlo, porque lo que a nosotros nos puede parecer una “tontería”, porque es algo que vemos todos los días, a ellos les preocupa por pequeño que sea. Para ellos, cualquier cosa es un mundo. Es como cuando vas al médico, que siempre piensas que algo aparentemente pequeño puede ser más complicado. Los procuradores tenemos que intentar que vean que no va a pasar nada y que lo lleven bien.

¿Crees que la figura de los procuradores sigue siendo muy desconocida hoy en día, tanto en el mundo del Derecho como en la sociedad en general?

Para los estudiantes de Derecho quizá un poco menos, pero sí, para la gente de fuera aún somos desconocidos. Yo lo veo en mis hijas: cuando les preguntan “¿tu madre a qué se dedica?”, y contestan procuradora, les dicen “¿qué es eso?”.

La gente no lo ve, pero si no estuviésemos nosotros aquí, si ya la Justicia es lenta, sería más lenta todavía, a los abogados se les pasarían muchos plazos… Como no se sabe lo que hacemos, parece que estamos ahí sin hacer nada. Y estamos desaprovechados.

¿Qué es lo que más te gusta de la profesión?

Que es una profesión bastante dinámica en la que tienes que ir bastante al juzgado – aunque, como decía, ahora vamos menos–, y no estás metido siempre en el despacho. El ir y venir al juzgado le da “vidilla” a la profesión.